El filósofo y la abeja

El 20 de mayo se celebra el día internacional de la abeja quien nos provee de miel, cera, propóleo, polen y jalea real, además es un eslabón fundamental de la polinización. Para conmemorar el día internacional de la abeja se publicó el libro El filósofo y la abeja de editorial Paidós.

Desde la antigüedad, los grandes pensadores han buscado las respuestas acerca del origen del cosmos, el orden del comportamiento humano en la naturaleza, entre muchas otras cuestiones que la mayoría han analizado analógicamente en el interior de las colmenas.

Los hermanos Tavoillot unen sus conocimientos para escribir esta obra, recopilando una vasta información sobre estos antófilos -nombre científico de la abeja-, mezclando la ciencia con la filosofía.

Pierre-Henri Tavoillot es profesor titular de Filosofía en la Universidad de París lV-París-Sorbonne quien implanta en sus obras literarias el análisis y la documentación de cada tema que expone. Por otra parte, su hermano François Tavoillot es apicultor profesional y aficionado a la filosofía.

En esta obra, ambos afirman que la abeja no es como los demás insectos, ya que es el único que causa controversia por sus continuas apariciones a lo largo de la historia, desde la mitología griega hasta la época posmoderna o hipermoderna, como ellos llaman a la era actual.

Este libro se divide en seis etapas, las cuales sitúan a la abeja en los diferentes momentos claves de la historia. En la primera narran sus apariciones en la mitología, como en el relato del Dios griego Aristeo a quien le es conferido el cuidado de las abejas.

En el segundo apartado, relatan cómo era considerada en el plano cosmológico por Aristóteles, Virgilio y Porfirio; por ejemplo, el primero de estos pensadores realzaba la buena organización de las abejas para trabajar por el bien común de la colmena, y lo atribuye, en parte, a la falta de lenguaje y por otro lado al instinto de servir a la abeja reina; las compara con el ser humano que requiere mucho esfuerzo para alcanzar ese tipo de administración.

Otro capítulo es destinado a analizar la relación de la abeja con la religión católica. Mencionan la cera de las abejas y hacen referencia al Cirio Santo -un tipo de vela ocupado en las misas-; San Agustín compara la composición del Cirio -que consta de tres partes, la cera, la mecha y la llama-, con el cuerpo -representando la carne, el alma y la sabiduría respectivamente-.

El cuarto capítulo es un relato de como este antófilo también tuvo apariciones históricas en la política. Su debut fue durante la campaña política de Napoleón Bonaparte; al triunfar en la Revolución Francesa instauró la imagen de la abeja en los bordados del manto imperial, pues la relacionaba con la dinastía merovingia -que gobernó Francia- y con la abeja imperial del pensador Virgilio, convirtiéndola en un símbolo de una “Francia eterna, reconciliada con su historia milenaria, orgullosa de su poder y segura de su destino”, como mencionan los autores.

En el quinto capítulo, este insecto aparece en el pensamiento renacentista, en donde la filosofía decía que los escritores debían realizar sus obras como las abejas elaboran su miel, trabajando para convertir “el polen” en un producto totalmente de su autoría.

Por último, los autores hablan de la importancia de la abeja en la época actual ya que, sin este insecto de seis patas, según Moulier-Boutang -economista que sostiene que los hombres crean el valor económico al igual que las abejas polinizan-, el PIB mundial perdería millones de dólares sin la polinización de este insecto, ya que algunos productos no podrían siquiera existir sin él. De aquí lo alarmante que la abeja esté declarada en peligro de extinción.

Al cierre de esta obra, se encuentran 23 florilegios que ofrecen una compilación de fragmentos para complementar los seis capítulos; también cuenta con 21 “polinizaciones”, apartados que nos muestran la vida en la colmena y su simbología.

 

Chabacanos y miel es una receta de Élise Delprat-Alvarès autora de Pasteles al Sartén, libro del que ya les hemos hablado con anterioridad, quien aconseja tener una sartén de hierro fundido para las preparaciones de este tipo.

Ingredientes:

  1. 250 g de chabacanos
  2. 15 g de mantequilla + 50 g derretida
  3. 3 cucharadas de miel de abeja
  4. 2 huevos
  5. 80 g azúcar
  6. 140 g de harina de trigo
  7. 6 g de polvo para hornear
  8. 150 ml de leche
  9. 2 cucharadas de azúcar glass

 

Paso a paso:

Cortar los chabacanos por la mitad y retirarles las semillas.

Colocar sobre el fuego un sartén antiadherente con los 15 gramos de mantequilla, cuando se derrita añadir la miel de abeja y las mitades de chabacano; saltéelas durante 10 minutos. Apagar el fuego y reservar.
Separar las claras de las yemas y batir estas últimas con el azúcar hasta blanquearlas. Añadir la harina y el polvo para hornear, mezclar hasta obtener una preparación homogénea y, sin dejar de batir agregar la leche y la mantequilla derretida.

Batir las claras a punto de nieve e incorporarlas a la preparación de yemas y harina.

Verter la masa sobre los chabacanos, tapar el sartén y dejar cocer la mezcla a fuego bajo durante 20 minutos. Dar la vuelta al pastel retirando la tapa, cubrirlo con otro sartén y tomándolos de los mangos girar sin que se separen procurando que caiga en el sartén contrario. Continuar la cocción durante 5 minutos más sin cubrirlo.

Deslizar el pastel en un plato, espolvorear con el azúcar glass y dejarlo enfriar antes de servirlo.

Nota: se pueden sustituir los chabacanos frescos por la misma cantidad de chabacanos en almíbar en mitades y bien escurridos.
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